
Desde la época en que Albert Anker (1831-1910) pintó cuadros como éste mostrando una escuelita de su pueblo, algunas cosas cambiaron, los muebles, el puntero o los bancos, otras en cambio siguen igual, la dedicación del profesor, el placer de compartir un aula con los compañeros y fundamentalmente el amor al conocimiento. Por estas razones es que creemos que no hay un tiempo determinado para la educación, el tiempo es ahora.





